• Mistress Isis

Devoción tras la Feria


Hoy, tras volver a ponerme el vestido de flamenca, llegó a mi mente un magnífico recuerdo, donde sin pretenderlo; las cosas, sencillamente, suceden.

Hace aproximadamente un año, visité por primera vez la Feria de Sevilla, era un acontecimiento importante para mi, que llevaba preparando meses con muchísima ilusión y ganas.

Por sorpresa, conseguí un traje y todos sus accesorios, la sensación de un vestido tan femenino, potenciando cada curva, cada parte de mi cuerpo y los volantes acompañando cada paso era maravillosa.

Acudí al Real, paseé por sus calles y me empapé de aquel ambiente en cada caseta. Disfruté mucho más de lo que había imaginado, y él, estaba pendiente en todo momento preocupado de que fuese un día perfecto.

Tras horas entre jaleo y sevillanas, entre risas y rebujitos, llegó el momento de retirarse a descansar. Poco después de entrar por la puerta, nos retiramos al dormitorio.

Allí, me ayudó a salir de aquel traje pesado, mis piernas solicitaban urgentemente sentarse, así que me quedé en el borde de la cama descansando al fin, tras una jornada agotadora.

Y sucedió; sucedió de la forma más natural y sencilla posible aquel perfecto momento. Se arrodilló delante de mi y empezó a limpiar mis zapatos, sucios como nunca antes, con su lengua; deseoso, pero controlado. Poco a poco, retiró mis cuñas con la máxima delicadeza, cada segundo estaba lleno de una intensidad que empapaba el ambiente. Mis pies quedaron descubiertos ante sus ojos, la tierra los había cubierto de suciedad, sin embargo; volvió a pasar su lengua por cada centímetro de ellos, con tranquilidad y erotismo, solo siendo posible cuando el deseo es máximo. No dejó un solo rincón por lamer, los besó y acarició como si fuesen el mejor regalo de su vida, ese juguete que tanto se ansía. El tiempo parecía haberse parado, no existía la prisa, no había reloj; el cansancio había desaparecido y solo estábamos él y yo, cara a cara, sin interrupciones. Después, lo usé... lo usé para mi placer y a mi antojo sin ninguna objeción mientras quise, hasta quedar satisfecha y complacida.


No era la primera vez que lo hacía, ya se había arrodillado en muchas ocasiones antes, ya había besado y limpiado mis pies, también había sido mi juguete anteriormente. Sin embargo, esta vez fue muy diferente a las anteriores. Hasta entonces, la preocupación por la higiene al limpiar suciedad siempre había sido un tema delicado, pero en ese momento nadie lo pensó, ocurrió, sin más, y esa barrera quedó derrotada al alcanzar un grado superior de entrega y adoración. No había sido necesario decir nada, ni tampoco ordenarlo, su sumisión quedó expuesta más allá de su propio razonamiento.


Podía haber ido a por agua para limpiar mi calzado y mis pies, puesto que no era una orden, si solo pretendía que me mantuviese limpia. Pero decidió por si mismo que su lengua debía ser la encargada de cuidar de mi, por encima de cualquier otra cosa, lo deseó. Era mío, totalmente mío, por delante de la lógica y de las diferencias, me había puesto de forma voluntaria por encima de él. Nunca se dio cuenta del significado de aquel momento, no supo poner nombre ni encajar sus sentimientos en su razonamiento. Más sin embargo, estaba viviendo en su propia piel la mayor sensación de amor existente, el amor y la adoración incondicional.

No conozco otro amor más fuerte y puro que el entregado por un sumiso a su Señora, donde uno es capaz de hacer cosas inimaginables, humillantes o degradantes; solo por hacerla feliz, por complacerla. Donde por más arrastrado y pequeño que te sientas, tu cuerpo y tu mente se sienten completos al ver el brillo de sus ojos. Capaz de permitir que te use, que te joda o cualquier otra cosa que pase por su malvada mente. Esa infinidad de sensaciones, que no puede existir ni demostrarse en ningún otro tipo de relación.


Como dije, él nunca se dio cuenta de la magnitud de su amor, ni de todo aquello. Tomó otro camino, dejando a un lado la sumisión, por otro más convencional. No sé mucho más desde que tiempo después, cada cual siguiese su vida alejado del otro; no sé si consiguió ser feliz en el camino que había elegido o buscó en otra Ama lo que había dejado atrás; pero estoy segura de lo que vi, estoy convencida de que el nombre que puse a sus emociones es el correcto; de que aunque intente olvidarme, bien sea en un mundo vainilla o entregado a otras amas, no lo va a conseguir. Y no por ser mejor o más maravillosa que las demás, es sencillamente, porque creo que en esta vida, solo puedes entregarte una vez así y donde esa persona es la única que tendrá la llave de tu plenitud para siempre; porque aún entregado a otras, donde quizás puntualmente puedas disfrutar, volverá ese sabor agridulce de no haber terminado de llegar al punto de flotar como estando a los pies. Perdido de unas a otras, buscando lo que no volverás a encontrar salvo que vuelvas a ponerte donde está su destino, a sus pies. Suyo.


Puedo estar equivocada en mis conclusiones, pero puede que no. Si como sumiso, llegas a sentir la gloria estando de rodillas ante una mujer, que conoce tus placeres y deseos como nadie, que te desquicia y te hechiza continuamente, es capaz de ponerte de rodillas sin tan siquiera mirarte o hablarte, sintiendo esos impulsos que te aceleran al notar su presencia y puede hacerte temblar solo rozando con un dedo tu espalda… si llegas a sentir eso, piensa bien aunque no entiendas tus emociones, si quieres arriesgarte a perderla, piensa si de verdad quieres renunciar a tu collar y a todas las emociones que sientes a sus pies.


No siempre es necesario entender los procesos y sentimientos que sentimos dentro, a veces, solo hace falta pensar si crees que podrás volver a vivir algo similar sin ella.

Así que si no lo has encontrado: quizás solo es cuestión de que llegue el día con quien surja esa conexión.

Si ya lo tienes: valora, no solo a ella sino las emociones y sensaciones de tu interior.

Si ya te has marchado de sus pies y te sientes perdido aún tiempo después: asume tu error; búscala, arrodíllate y esfuérzate, lucha por volver al sitio, que en el fondo, sabes no debías haberte ido.


En todos los casos, mucha suerte pequeño.



Mistress Isis

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