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  • Mistress Isis

Mi Puticornio

Educado y respetuoso como el que más, llegó hasta a mi pese a su inexperiencia. Tenía las cosas claras y todo fue fluido desde el principio, aún con todos sus miedos. Recuerdo el hincapié y la reiteración casi paranoica sobre la importancia de su privacidad desde el minuto cero. Curiosa e inmediatamente, quedó revelada en su primer tributo. Podría en ese momento haber callado, mirar a otro lado y reservar esa información para un posible futuro garantizando su servicio, un maravilloso as en la manga permanente, pero... no quiero ningún esclavo en mi reino con miedo, mi deseo es que el todo el que permanezca lo haga por respeto y devoción hacia mi.

Decidí contárselo, aún sabiendo la posibilidad enorme de que huyera temeroso antes de iniciar algo más comprometedor. Pero tras calmarse, decidió seguir, sin saber ninguno por aquel entonces que aquel traspiés fortalecía la base de nuestra relación.

Han habido mil situaciones en todo este tiempo, días mejores y días que no lo han sido tanto; momentos donde se necesitaba pausa y otros de muchísima intensidad. Tantas y tantas barreras superadas tan sutilmente, despacio, con máxima entrega en cada momento, siempre con las mismas ganas, la misma pasión de aquella primera vez que lo tuve a los pies de mi cama. Predispuesto a mi y a mis deseos, siempre buscando observarme furtivamente, memorizando mi piel, mis gestos, con un nerviosismo encantador que perdura aún a veces en el tiempo. Podría destacar mil cualidades, para que se entendiera porque es mi favorito, porque es él. Pero es algo, que en el fondo, es suficiente con que lo sepamos ambos.

Es mío, completamente mío, leal, cada gota de su sangre me pertenece, estoy en cada una de sus células, sin precisar un control absoluto, sin estar delante, su mente se puso de mi lado y me pertenece, sin darse cuenta. Hoy por hoy es consciente al igual que yo que siempre lo será, por mil años pasen, por más que meta su cabeza bajo tierra, no existen metros suficientes para callar lo que siente en lo más profundo de su ser, solo recordándome.

Lo veo en sus ojos, su alma llega allí cada vez que está delante de mi, mirándome a través de ella desde su sitio, de rodillas nuevamente, más atado y más libre. Lo siento incluso en las palabras escritas, en cada mensaje oculto en su silencio.

Tiempo en el que ambos hemos crecido, donde he evolucionado cada día gracias a su entrega y confianza ciega iluminando el camino de ambos, en cada reto, en cada contratiempo. Porque no, porque no siempre es maravilloso, el telón no siempre está en funcionamiento, porque hay momentos complejos, la dominación está llena de retos constantes, distintos, donde no hay manual ni fórmula secreta. Y el es mi mayor logro, pero también mi mayor desafió por todo lo que lo envuelve.

La inexperiencia absoluta lo fue, guiar e ir explorando límites muy poco a poco, puesto que no siempre se encuentran las condiciones deseadas para que todo fluya mejor, la adaptación en la distancia, tan fría en ocasiones, y habiendo podido acortarla tan pocas veces... Su carácter, un esclavo tan lejos del concepto habitual creado, todo un triunfador, con un temperamento por momentos casi incontrolable y un carácter en el resto de los aspectos de su vida claramente dominante y poco conformista; una inteligencia y conocimientos por encima de la media y calculador, meditativo. Aptitudes sin duda complejas de manejar en muchas ocasiones, donde sin el poder evitarlo y sin querer se dejaba llevar por la rebeldía a la que estaba acostumbrado a mostrar.

Aprendió, quedan atrás todos los resquicios inconscientes de intentar levantarse en mi presencia, llegados por la frustración, sentimientos encontrados y la intensidad de algunos momentos. Doblegado por completo para mí, entregado, arrastrado. Educado a mis pies con mano de hierro y caricias.

Queda mucho trabajo, más barreras que superar para lograr la perfección, el proceso siempre es lento y las prisas no son buenas, con más fuerza y solidez en cada paso. Llegará, estoy convencida de ello, aunque por momentos parezca que todo llega al fin, las sensaciones e intensidad que nos ha unido en este tiempo han creado un lazo, que posiblemente sea indestructible, desde aquel primer contratiempo de identidad. Un imán de neodimio, aunque intente luchar contra ello, la fuerza de los campos lo vuelve a traer hasta mí.

En este aniversario hago memoria de cada pasito, de la evolución de ambos y de la relación, de sus sentimientos y sumisión, de su muestra constante de lealtad y adoración. De lo orgullosa que me siento de ambos. No preciso chantaje, no preciso cuerdas para retenerlo, la puerta siempre está abierta, y la cruzó en varias ocasiones, volviendo, porque siempre será así, todavía más consciente de donde está su lugar, volviendo más sumiso, más esclavo, más entregado.

Su alma, su mente, su cuerpo y su aliento me pertenecen, siempre más mio...


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